Día 4: Niagara Falls – Canandaigua

Nos despertamos a las 8:30 horas, queríamos descansar del día anterior porque alargamos hasta las 24 horas.

En primer lugar, fuimos de nuevo hacia Niágara, pasando por Búfalo, aunque decidimos no parar y verlo desde el coche. Es bonito el contraste entre edificios modernos y las viejas fábricas, los puentes enormes…

El nombre de Niágara viene de una palabra iroquesa (del pueblo amerindio), que significa “trueno de agua”.

Las cataratas del lado americano son mayores, por lo que ir al lado canadiense para verlas, fue nuestra opción.

Además, en ese momento, el dólar canadiense estaba mejor al cambio y además, la noche anterior ya habíamos estado en el lado americano, así que decidimos cruzar, por el Rainbow bridge y, pagando el peaje en la aduana, tras una cola de unos 15 minutos, pasamos al lado canadiense. Una vez allí, aparcamos en la zona azul que hay detrás del IMAX, ya que el plan era ir a visitar diferentes cosas y en esa zona se puede poner 3 horas de parking seguidas, y pagar con tarjeta sin cambiar moneda. Nos cuesta algo menos de 3$ canadienses.

Hay diferentes actividades que hacer en las cataratas, tanto en el lado americano como en el canadiense (nombres del lado americano):

Cueva de los vientos: te bajan por un ascensor y caminas por debajo de la catarata “Bridal Veil Falls” (velo de novia), siguiendo el curso del río Niágara hasta la Hurricane Deck (cubierta del huracán). Se construyó en 1954 con dinamita, se le apoda la Cueva de Aeolus por el dios griego. Horario de 9 a 20:15 horas y precios 19$ y para estudiantes 11.

Maid of Mist: Es el barquito que te lleva hasta la catarata Horseshoe falls, de 670 metros de ancho y una caída de 53 metros. Horario de 9 a 19:30 horas, precio 19,25$.

Si tenéis claro el día y hora de la visita, podéis comprarla de forma anticipada y ahorraros más de la mitad del precio en el caso canadiense y el americano que solo ofrece descuento si compras el “pass” para entrar en 5 atracciones, pero para nosotros era demasiado… en realidad, la cascada en sí misma ya es suficiente espectáculo, y el acceso es gratis 🙂

Coged las entradas en cuanto podáis, porque hay grandes colas para comprarlas. Luego te dan una hora para ir directamente a la actividad (hay que ir con un poco de margen de antelación para no retrasar al resto de grupos), donde te dan los chubasqueros.

Por la zona, también podéis buscar el reloj floral y el fuerte George que fue ocupado por franceses, ingleses y americanos. La isla que hay entre el lado americano y el canadiense se llama Goat Island, isla de la Cabra.

De ahí, nos vamos corriendo a ver las cataratas del Niágara. Realmente impresionante la fuerza del agua, las variedades de color, la inmensidad… evidentemente, la cantidad de gente es abrumadora, pero hay bastante respeto y os dejarán vuestro huequito para hacer fotos, si esperáis un poquito a que la gente haga las suyas.

Como Iñigo ya había estado y fue en uno de esos barquitos que se acercan hasta justo donde rompe la cascada contra la “piscina”, nos decidimos por ir al Journey. Se baja en ascensor y luego se va por un túnel que te lleva justo a la catarata, al pie. Se ve la espuma, como un gran manto blanco, y el gran ruido del agua al caer. Luego se accede a un supermirador que te coloca muy cerca de la cascada y te permite verla mucho más de cerca, hacer fotos…

El barco se acerca bastante más a la caída de agua, pero no parece que se pueda apreciar mucho, ya que el agua y vapor que sube, hace como una gran cortina blanca.

Iñigo recordaba que te mojabas muchísimo en el barco, y si cuidas un poco la cámara… pues te quedas sin hacer fotos. En el Journey nada, sin embargo, al no ser que el viento te lleve el agua, claro.

Esto fue lo que nos hizo decidirnos… si habéis ido en unos de esos barquitos, dejadnos vuestra experiencia en los comentarios,y así ayudaremos a los demás a escoger.

Para no hacer cola las sacamos a la hora de comer, y como nos dieron para las 17:20 horas, nos fuimos a un pueblecito precioso a comer, que estaba a una distancia de media horita (19 millas): a Niagara-on-the-lake.

En la entrada al pueblo, cuando aún falta bastante para llegar al centro, encontramos mucho tráfico. Vemos que hay un montón de restaurantes típicos ¿americanos? Y decidimos probar uno decorado como las hamburgueserías de los años 60. Todo riquísimo, aunque no deje de ser comida basura; 22$ canadienses hamburguesa con patatas y cerveza.

Es una de las ciudades más bonitas de Ontario, fundado como lugar militar británico, famosa por sus vinos de hielo y con un fuerte de madera del siglo XVIII. Las casas coloniales son preciosas, y el río Niágara, el lago y el reloj de flores gigante son sus principales atractivos.

La verdad es que es bastante caro, hasta las pizzas y desayunos, hicimos bien en parar antes.

Nos dimos un buen paseo por el pueblo, con sus bonitos edificios y sus tiendas con encanto, y luego volvimos por la parte del lago para ver los viñedos y las mansiones, y paramos un momento en el monumento Brok de un soldado que ha sido reconstruido varias veces. Estiramos las piernas por el parque cercano y vamos ya a las cataratas a disfrutar de su grandiosidad.

Luego emprendemos camino a Canandaigua y cenamos en el hotel, teníamos poco hambre, así que nos hacemos un picoteo con algunas compras que habíamos hecho, y a dormir.

Día 3: Williamsport – Búfalo

Día 5: Finger Lakes

Vuelve al inicio del viaje: “EEUU: Ruta por la costa Este”

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2 comentarios en “Día 4: Niagara Falls – Canandaigua

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